miércoles, 11 de mayo de 2016

Lenguaje plástico y visual

LA ESCULTURA

Es el arte que se expresa a través de los volúmenes, en el que se juega con la materia que se adhiere o se sustrae, con lo vacío y lo macizo, con las calidades de las materias y la forma en que éstas son trabajadas tratando de convertir estos conceptos en poderosos recursos expresivos.

Cuando se habla de los tipos de escultura es posible distinguir entre la escultura de bulto redondo y el relieve. La de bulto redondo es aquella en la que la pieza se ha trabajado desde todos los puntos de vista, en torno a la que podemos girar, siendo el relieve aquel que es posible observar sólo frontalmente. El relieve se puede clasificar en:
  • Altorrelieve: en el que la figura sobresale más de la mitad de su volumen sobre la superficie en que ha sido realizada.
  • Medio relieve: cuando sobresale la mitad.
  • Bajorrelieve: cuando sobresale menos de la mitad.
Otro tipo de relieve consiste en quitar la materia de las figuras que se quieren representar de tal manera que éstas quedan en negativo, técnica esta que se practicó frecuentemente en el mundo egipcio.

En el caso de que estemos ante una escultura de bulto redondo podemos indicar dos categorías. La que se realiza añadiendo materia, como es el caso de la arcilla o el metal, o la que se ejecuta sustrayendo la materia como la piedra o la madera. Otros materiales escultóricos pueden ser el plástico, la escayola, el hormigón, el acero, la cera, etc. El arte contemporáneo incorporó a la escultura una innumerable cantidad de nuevos materiales, muchos de ellos totalmente inusuales, de los que se consigue extraer nuevas potencialidades expresivas.



Las técnicas que habitualmente se emplean en la escultura son las siguientes:
  • La talla que suele aplicarse a la madera. Este material presenta algunas diferencias con respecto a la piedra, aunque la forma de trabajarse es relativamente parecida, que hacen que frecuentemente se prefiera la piedra a la madera. La primera sería la limitación de las dimensiones de la madera y una serie de características físicas que hacen que sea un material de inferior calidad con respecto a la piedra (nudos, vetas, diferencias de color, oquedades, etc.).
  • El modelado que sirve para materiales blandos cuya forma se puede modificar con la simple utilización de las manos, añadiendo o quitando materia.    
  • El esculpido en el que se eliminan partes de un bloque previamente desbastado.
  • El pulido es el acto de trabajar en mayor o menor medida la superficie de una escultura. La manera en que una obra se pule puede tener una gran importancia, ya que está relacionada con la forma en que la luz se refleja sobre ella y con los efectos estéticos que se consiguen.
  • El vaciado que tiene como punto de partida la realización de un molde que transforma el material. Muchas veces se versa en éste la materia escultórica en estado líquido que posteriormente se endurece tomando la forma definitiva que le ha sido dada con el molde. 
  • El forjado en el que se golpean metales en frío o en caliente hasta que se les da la forma deseada.
  • El repujado se realiza sobre una lámina metálica en la que se efectúan incisiones que dan forma al dibujo que previamente con un molde se ha llevado a cabo sobre ella.
  • El estampado que se consigue imprimiendo con fuerza un troquel con figuras en negativo para que en la superficie del objeto trabajado aparezcan en positivo.
Otro aspecto de enorme importancia es el acabado final de la escultura. En algunos casos se recurre a la policromía, algo que debió ser bastante habitual en el mundo clásico y en la escultura medieval, a pesar de que las obras hayan llegado a nosotros desprovistas de los colores que las completaban. Además, tal y como hemos apuntado al definir la escultura, el artista juega con las capacidades expresivas del material trabajando en mayor o menor medida las superficies y controlando, de alguna manera, la relación entre el material y la luz.



LA PINTURA

Esta manifestación artística se desarrolla sobre una superficie bidimensional y durante mucho tiempo estuvo concentrada en la manera de fingir la tridimensionalidad o la profundidad de la que carece el soporte sobre el que se practica. Sólo la irrupción es escena de la fotografía conseguirá liberar a la pintura de esta necesidad de captar con fidelidad la realidad circundante y otorgará al artista una mayor libertad en el ejercicio de este arte.

Uno de los aspectos que mejor nos permitirá comprender la pintura y la forma en que ésta se interpreta es la técnica empleada. Las diferencias materiales entre éstas consistentes en el aglutinante, diluyente y pigmentos utilizados determinarán los efectos estéticos y la forma de trabajo de cada una de ellas. Las técnicas pictóricas más relevantes son las siguientes:
  • El fresco: es una de las primeras técnicas pictóricas que aparecen en la historia del arte. Consiste en pintar sobre una sutil capa de yeso o enlucido cuando aún éste está húmedo, por lo que los pigmentos se mezclan con el yeso pasando a formar parte de él. Este fenómeno permite distinguir las distintas partes en que ha sido realizada la obra que reciben la denominación de jornadas.

  • El temple: se consigue a partir de la unión del agua como disolvente con algún tipo de grasa, vegetal o animal, que hace la función de aglutinante. Normalmente se aplica sobre un soporte ígneo, aunque ocasionalmente se recurre a él para retocar la pintura al fresco o para ejecutar con precisión algún detalle.

  • El óleo: supone una verdadera revolución en la historia de la pintura. Surge a partir de la unión del aceite de linaza con los pigmentos minerales, lo cual permite la obtención de un enorme brillo y de un intenso cromatismo que hacen que esta técnica sea apta para la adecuada recreación de la realidad. Casi desde su irrupción en la historia del arte se convierte en la técnica estelar de la pintura. En ocasiones se emplea para retocar la pintura al fresco o al temple, aunque generalmente se lleva a cabo sobre lienzo.

  • La acuarela: el soporte que se emplea es el papel y los colores se diluyen en agua. Se trata de una técnica que debe ser practicada con cierta rapidez, ya que la acuarela se seca muy rápidamente. Es muy apta para la realización de paisajes, puesto que permite captar los distintos tipos de luz en diferentes condiciones atmosféricas.

  • La témpera: el disolvente en este caso también es el agua, lo mismo que en el caso de la acuarela, aunque la diferencia más significativa estriba en el hecho de que en el temple sí se emplea el pigmento blanco. Generalmente se pinta con témpera sobre el papel aunque en ocasiones se utiliza para retocar la pintura mural. 

  • El encáustico: consiste en diluir los colores en cera fundida, lo cual hace que el artista tenga que trabajar en caliente. Con esta técnica se consiguen superficies muy brillantes y satinadas. Se empleó en los retratos del Fayum, durante el periodo copto, que se colocaban sobre los rostros de las momias.

  • La miniatura: deriva del término latino inluminare que significa literalmente "dar luz". El soporte fundamental de la miniatura es el pergamino, obtenido a partir de la piel de los animales, y los colores se muelen con la mayor finura posible y se recurre a la goma arábiga como aglutinante. Esta técnica alcanzó un enorme desarrollo durante toda la Edad Media, desapareciendo con la irrupción en escena de la imprenta.

Otras técnicas que podrían relacionarse con la pintura son el mosaico y la vidriera. El mosaico consiste en la utilización de teselas o pequeños cubos con los que se da color a una imagen previamente trazada sobre una superficie mural o sobre un pavimento. Las teselas que se clasifican en función a su tamaño y pueden ser de piedra en el caso de los mosaicos romanos, o bien de pasta vítrea, lo cual permite conseguir una mayor gama cromática, si nos referimos a la musivaria bizantina.



La vidriera se realiza con fragmentos de vidrio, tal y como su propio nombre indica. Se emplea para cubrir los vanos y experimenta su momento más álgido durante los siglos del Gótico, aunque existen datos que permiten pensar que ésta existió mucho antes. Lo mismo que el mosaico, se parte de un dibujo sobre el que se van cortando los diversos fragmentos de vidrio coloreado que se colocan sobre un esqueleto metálico que recibe la denominación de emplomado. Los detalles como los rasgos de un rostro o los pliegues de las vestiduras se realizan con la grisalla que se aplica con un pincel. En esta técnica tiene un protagonismo absoluto la luz que atraviesa el vidrio y que intensifica los efectos cromáticos del mismo.


Una vez que hemos definido las técnicas que con mayor frecuencia se han utilizado en la historia del arte, habría que enumerar otras cuestiones que permiten comprender una obra pictórica:
  • El color y el dibujo: se trata de dos conceptos fuertemente interrelacionados en la historia de la pintura. Habrá momentos en que el dibujo predomina sobre el color como sucede en la pintura neoclásica, y otros en que se produce el fenómeno contrario como es el caso de la pintura romántica. La preponderancia del dibujo sobre el cromatismo nos habla de un predominio de la razón sobre cualquier forma de expresión emotiva. En el caso de que el color tenga un mayor protagonismo que el dibujo en una obra, habría que analizar si se opta por colores fríos o bien se prefieren los colores cálidos. Los primeros producen sensaciones de lejanía y neutralidad, sugieren el equilibrio y la serenidad, mientras que los segundos nos hablan de la exaltación de las emociones y de la proximidad, tanto física como emotiva. Bastaría comparar los cuadros de Delacroix o de Rubens, protagonizados por intensos rojos, con los de Friedrich en los que los colores fríos despiertan en nosotros una conmovedora placidez detrás de la que se esconde, en muchos casos, una tensión psicológica. Si, por el contrario, el dibujo es el protagonista de la obra pictórica habría que analizar si estamos ante una escena compuesta con líneas rectas que incitan a pensar en el orden y en el equilibrio o bien si se prefieren formas diagonales o curvas que sugieren un cierto dinamismo e inestabilidad.

  • La composición: es la forma en que se disponen los elementos que integran una escena. Podemos estar ante una composición piramidal (El descendimiento de la cruz de Rembrandt), o una estructura cuadrangular en la que las figuras se yuxtaponen produciendo una marcada sensación de equilibrio (Entierro en Ornans de Courbet), o un cuadro en el que coexisten varios ámbitos compositivos (El entierro del conde de Orgaz de El Greco). La composición está fuertemente relacionada con el color y el dibujo, ya que estos dos elementos pueden servir para subrayar la idea que subyace en la composición. Es decir, las manchas de color y la elección de líneas rectas o curvas pueden evidenciar aún más el mensaje que la composición quiere transmitir al espectador. Esta idea se ve muy bien en muchas de las obras de Caravaggio, determinadas por un fortísimo sentido escenográfico en el que todos estos elementos resultan definitivos.

  • La luz: es otro de los grandes protagonistas de la pintura. Ésta puede iluminar globalmente una escena recibiendo el nombre de luz conceptual o bien puede servir para seleccionar objetos precisos o personajes concretos algo que llevado a su extremo se convierte en claroscuro. No se interpreta de la misma forma la luz en una obra de Piero della Francesca que de Rembrandt, ni tiene el mismo contenido simbólico.   

  • La tridimensionalidad: una de las grandes preocupaciones de la pintura durante mucho tiempo, tal y como ya hemos apuntado, es la representación de la tercera dimensión en un plano, algo que se agudiza en todos los momentos de la historia del arte que podemos definir como antropocéntricos. Esa es la razón de ser del schiacchiato de los relieves romanos, de la perspectiva lineal o de la perspectiva aérea del Renacimiento. Con la aparición en escena de la fotografía, la pintura experimenta una liberación que hace que el objeto fundamental de este arte no sea ya la representación fidedigna de la realidad circundante, puesto que una fotografía es insuperable desde este punto de vista. De esta forma el pintor puede recrear y reelaborar en su mente la realidad que le rodea o bien puede practicar una pintura no figurativa que recibe la denominación de abstracción.

  • La temática: son muchos los argumentos que se plasman en la pintura, tantos como inquietudes tiene el ser humano. Una obra puede ser sacra o profana. Puede abordar argumentos mitológicos, recrearse en la naturaleza en todo su esplendor bajo la forma de un paisaje o en la captación de objetos inertes e inanimados, algo que conocemos como naturaleza muerta o bodegón. Puede deleitarse en la representación del ser humano en sus diferentes posibilidades y aspectos, solo o relacionándose con los demás o con su entorno natural, reflejando diferentes inquietudes del hombre. Y todo esto lo hará bajo la perspectiva del momento histórico en que se produce o bajo la óptica del comitente que manda realizar la obra.

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